Si el Coronavirus ha causado una ruptura en nuestro estilo de vida y en los patrones de producción y consumo, lo que tendremos en los próximos años con el impacto del cambio climático sobrepasará todas nuestras expectativas.

Mauricio Cárdenas Piñeros Cofundador de la Camara Verde de Comercio y Director de LIM Leadership in Motion, en Latinoamerica, empresa global de consultoría en estrategia de negocios sostenibles, Ingeniero Industrial y Master en Gestión de de Tecnológica y Relaciones internacionales. Email: info@camaraverde.org.(*)

la desaparición de muchas especies animales y vegetales que hasta hoy nos habían permitido tener la biodiversidad que nos protegía de la propagación de virus causantes de pandemias.

medades tropicales y de la desnutrición, así como la migración de especies animales y de seres humanos, los denominados refugiados climáticos.

¿Qué podría ocurrir además de la elevación de los océanos y la inundación de las zonas costeras en todo el planeta? Ni más ni menos que

El calentamiento global también podría afectar el régimen del agua, la calidad del aire debido a los incendios forestales, la destrucción de cosechas, el incremento de enfer-

Ante este escenario no hay más remedio que acelerar el proceso de cumplimiento de metas de adaptación y mitigación del cambio climático al que los países signatarios del COP21 de París se han comprometido. Máxime cuando los meses transcurridos de pandemia han reversado alguna de estas metas ante la agudización de la pobreza y las presiones ambientales que la población ejerce para sobrevivir. Para no hablar de las nuevas fuentes de contaminación, incluyendo los residuos sólidos en que se han convertido los elementos de protección personal usados masivamente durante la pandemia.

En la convocatoria que desde la Cámara Verde de Comercio y nuestra organización aliada KIMSA hemos hecho para la realización de la “Semana Climática”, o por su expresión en inglés #ColombiaClimateWeek, entre el 21 y 26 de septiembre hemos podido identificar una proliferación de iniciativas innovadoras de emprendimientos, empresas, organizaciones sociales, comunidades indígenas y afrodescendientes, así como de organismos no gubernamentales y agencias del Estado para promover la adaptación y la mitigación del cambio climático en Colombia y el resto de Latinoamérica.

Estamos ante una coyuntura en la que la frase acuñada por el periodista Oppenheimer sobre “innovar o morir” se queda corta.

Entre esas iniciativas hay proyectos de energías renovables no convencionales, construcción, moda y movilidad sostenibles, agricultura orgánica y ecológica, ecoturismo, reforestación, economía circular, finanzas verdes y una gran variedad de alternativas de tecnología limpia que buscan reducir o eliminar el consumo de combustibles fósiles y de plásticos de un solo uso, la degradación de los suelos y las fuentes de agua, la destrucción de bosques naturales y eldescarte de prendas de vestir no reutilizables o de fibras sintéticas que generan microplásticos, contaminación de los ríos y océanos y sobreutilización de rellenos sanitarios, entre otros objetivos de protección y conservación ambiental.

Hay también un sinnúmero de prácticas de comunidades indígenas y afrodescendientes basadas en saberes ancestrales que han protegido el ambiente durante siglos y que han resistido las presiones del “desarrollo” y de la colonización de sus tierras por parte de migrantes de otras zonas del país y de las destructoras redes criminales del narcotráfico. Muchas de estas prácticas, sin embargo, están en riesgo de desaparecer si no se documentan, divulgan y refuerzan con el conocimiento científico que ahora está al acceso de las nuevas generaciones de esas comunidades indígenas y afrodescendientes.

El cambio climático y su creciente amenaza para la continuidad del mundo al que nos habíamos acostumbrado antes de la pandemia se han convertido en un catalizador de innovaciones sostenibles. Sin lugar a dudas los millennials y centennials nos están mostrando el camino con sus hábitos de consumo consciente. De otra parte, la velocidad a la que hoy se difunde el conocimiento tanto de los efectos nocivos del cambio climático como de sus posibles soluciones nos ha puesto en una carrera contra el reloj. Ya no se trata únicamente de cumplir los compromisos frente al COP21. Se trata, como la pandemia nos enseñó en pocas semanas o meses, de modificar radical y rápidamente nuestros estilos de vida y comportamientos como productores y consumidores.

El horizonte temporal para implementar esos cambios en estilos de vida y comportamientos ya no es 2030 o 2050, las fechas seleccionadas por la comunidad científica internacional y los organismos y comisiones multilaterales conformados para hacer frente al cambio climático. La pandemia nos enseñó que las rupturas con lo tradicional no pueden ser paulatinas. Ante lo avasallador de los hechos, súbitamente descubrimos que sociedades enteras pueden y deben implementar cambios drásticos en el corto plazo.

La base de las innovaciones sostenibles catalizadas por el cambio climático es el convencimiento por parte de sus promotores de que no hay reversa en la construcción de modos de producción y consumo radicalmente diferentes a los que las sucesivas revoluciones industriales nos han traído. La versión 4.0 publicitada como la panacea esconde riesgos enormes. Las fuentes de generación de energía eléctrica sobre la cual está construída aún no son 100% renovables y tardarán décadas para que así sea. A su turno, los materiales utilizados por la infraestructura de producción y consumo digital siguen siendo contaminantes y atados a economías extractivas que conllevan altos riesgos sociales y ambientales.

Estamos ante una coyuntura en la que la frase acuñada por el periodista Oppenheimer sobre ” innovar o morir” se queda corta. No sería sensato innovar sin considerar las implicaciones que sobre la sostenibilidad de la sociedad y el planeta tendrían los productos y servicios resultantes. Por ello, las iniciativas innovadoras que en la #ColombiaClimateWeek2020 se presentarán adquieren tanto valor.

Como le hemos reiterado a quienes las van a presentar en este foro, no solo es importante su originalidad y pertinencia frente a las realidades del cambio climático. Es crucial medir con precisión su capacidad de contribuir a la mitigación o adaptación, así como la de ser replicables en otras geografías y por otros grupos humanos tanto a nivel comunitario como empresarial. Finalmente, en aras de la triple cuenta de la sostenibilidad, deben ser atractivas para promover su escalamiento por parte de los fondos de inversión de impacto, uno de los subsectores financieros de mayor crecimiento en el mundo, y por otras modalidades innovadoras de financiamiento verde. Ante una avalancha de riesgos, una avalancha de soluciones.