¿En qué consiste la nueva forma de pensar el mercado y los nuevos modelos productivos?

Por: Iván Sánchez
CVO en Why Not LATAM

No es un secreto que el gran desafío tanto de las industrias como del Gobierno es enfrentar la transición de los modelos productivos hacia una economía circular. Un modelo económico con “cero residuos”, que disfrute de un aprovechamiento creativo de los recursos y en donde se empleen nuevos materiales y se promuevan nuevas formas de consumo. ¿Pero cuál sería la herramienta más eficiente para lograr esta apuesta?

Cuando estudiaba Diseño Industrial, una de las acciones que más me confrontaba para recibir el título era “producir en masa”; de hecho, el apellido de mi profesión lo dice todo. En ese momento no quería ser un diseñador más fabricando sillas, mesas y productos que llenan góndolas en almacenes y supermercados pero que no logran conectar a los consumidores con el real propósito de la vida, productos “lo quiero” que serán desechados a los pocos días de su compra y en la mayoría de los casos terminarán en un relleno sanitario. Así que sin conocer nada de sostenibilidad, pero con la firme intención de cambiar esa manera absurda de producir cosas, decidí emprender, junto con un grupo de amigos, una empresa de “diseño emocional” que lograra conectar a los consumidores con lo que llevaban a casa. El resultado fue fatal, quebramos al poco tiempo, pero aprendimos que la emoción y el estímulo visual se podrían traducir en consumidores mucho más responsables solo por el hecho de no comprar por comprar.

Algo frustrado, pero con el propósito intacto, comencé a entender el diseño desde otra perspectiva: como un fenómeno más ligado a la economía que a la expresión creativa. En efecto, la etimología de la palabra economía nos refiere al cuidado o administración de la casa (oikos: casa; nomos: reglas), así como a la satisfacción de necesidades de un mercado, que en el diseño industrial es el punto de partida. De esta forma empecé a comprender que el cuidado de los recursos, el buen manejo de las materias primas, el diseño centrado en el humano (design thinking) y la forma en que producimos tiene todo que ver con nuestra calidad de vida y nuestros niveles de crecimiento como país.

Entender el diseño como uno de los actores más importantes en la creación de cadenas productivas desde el siglo pasado y su estrecha relación con la transformación de materias primas en productos consumibles, se convierte, entonces, en el mejor canal para implementar nuevos diálogos a través de nuestra forma de hacer las cosas. Y es acá donde el ecodiseño gana protagonismo, ya que propone ofrecer productos o servicios de bajo impacto ambiental, con un manejo eficiente de recursos, maximizando el ciclo de vida útil y aportando en los niveles de crecimiento económico.

¿Qué pasaría si los productos que llevamos a casa día a día fueran fáciles de reparar?
Más aún, ¿qué pasaría si se pudieran reparar? ¿O quizás llevaran nuevos materiales e incluso pudiéramos cerrar su ciclo de una forma más sencilla?
Estas son algunas preguntas que se pueden empezar a solucionar a través de procesos creativos frescos que involucren nuevas métricas desde los gobiernos corporativos.
No significa que este trabajo deba ser únicamente por el cumplimiento a una norma, por ejemplo la Resolución 1407 de 2018 (Envases y empaques – Colombia). De hecho, el ecodiseño conlleva soluciones innovadoras para productos y servicios que tienen en cuenta el ciclo de vida: desde la extracción de materias primas hasta su producción, distribución y uso, contemplando la recirculación de los desechos y la reincorporación de materias primas circulares para no tener que acceder a materias primas vírgenes.

El ecodiseño se convierte entonces en un espacio para cocrear, en donde el consumidor final será de vital importancia para lograr la transición hacia nuevos modelos económicos. La decisión de compra, los “nuevos consumidores” y el trabajo de la industria para cambiar sus métricas harán que el mercado cambie, implemente nuevos modelos y se genere más responsabilidad en la cadena.

Siempre he considerado que el verdadero “voto” está en nuestro bolsillo todos los días, y es la mejor forma de validar y legitimar las nuevas prácticas que industria y Gobierno deben alinear para reducir el efecto de ambos en el entorno.

Reducir es una de las claves para hacer la transición. Innovar en nuevos materiales desde nuestro inexplorado inventario disponible de orgánicos, como por ejemplo el café, la caseína de leche o la fibras que se sacan de la zanahoria, o sencillamente hacer un retorno eficiente de materias primas a las empresas podrán cambiar el panorama de nuestros modelos productivos. Una vez se genere inercia, el efecto dominó que nos llevará al cambio no se detendrá, y tanto industria como Gobierno encontrarán nuevas formas de responder a las demandas de los consumidores.

El diseño tiene una relación estrecha con nuestro sistema productivo y nuestro modelo económico. Es hora de capacitar más profesionales en nuevas formas de producir, en ecodiseño, en sostenibilidad y en pensar cómo podemos lograr valor con los nuevos productos que se ponen en el mercado. Iniciar es el paso más difícil, pero hacer el tránsito es muy sencillo cuando industria, Gobierno, consumidor y academia se unen con un mismo objetivo: acceder a ciudades inteligentes, viables y amables antes del 2030.

El ecodiseño es un espacio para cocrear, en donde el consumidor final será de vital importancia para lograr la transición hacia nuevos modelos económicos.

Es hora de capacitar más profesionales en nuevas formas de producir, en ecodiseño, en sostenibilidad y en pensar cómo podemos lograr valor con los nuevos productos que se ponen en el mercado.